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QUIÉN SOY Y DE DÓNDE VENGO
✦ EL ORIGEN
Nací en Barcelona (España) en 1981, en un barrio pobre pero junto a la montaña y en una casa llena de libros. Empecé a leer con dos años y nunca paré.
Estudié Comunicación Audiovisual porque quería contar historias. Trabajé en cine y televisión hasta darme cuenta de que nunca había sido feliz (o yo misma) en el trabajo. Eso me llevó a explorar otras formas de crear y en 2008 empecé a escribir online para mi primera marca propia. Le siguieron otros proyectos creativos, hasta que en 2012 lancé Oye Deb, donde mezclaba emprendimiento y crecimiento personal —entonces era una rareza—.
Durante años funcionó bien: escribía, creaba cursos, ganaba dinero haciendo lo que me gustaba y pasando relativamente desapercibida (cuarenta mil personas en la newsletter son muchas personas, en realidad). Dije no a las charlas, los eventos, a las redes sociales, la "fama". Quería vivir bien sin brillar. Y funcionó, hasta que dejó de funcionar porque me perdí.
Y es que en 2017 nació mi hijo. En 2020 volvimos a Barcelona en plena pandemia. En 2023 murió mi padre. Esos años fueron duros en los que el negocio creció pero yo me sentía atrapada y desmotivada, lo opuesto a los primeros tiempos. Me di cuenta de que había perdido el hilo de lo que realmente me importaba y de que yo no quería crecer porque sí, ni ser la CEO de nada ni nadie, sino hacer solamente lo que amo hacer.
Entonces volví a revisar mi historia y encontré lo que siempre había estado ahí: la creatividad, la identidad, las narrativas que nos contamos, las que recibimos del mundo, las que configuran quiénes somos y cómo vivimos. Eso es lo que me interesa. Siempre lo fue. Siempre estuvo bajo la superficie.
Ahora ya no me llamo Oye Deb, sino Deborah Marín. He pasado del negro al rojo, del vacío al cosmos. Y todo lo que hago gira alrededor de la dificultad de conseguir sostener una vida sólida en este mundo tan líquido.
✦ UN CURRICULUM INVISIBLE
Me gustaría poder elaborar una lista de todos mis logros, lugares donde he estudiado, medios donde he salido, empresas que me han contratado, libros que he publicado, escenarios que he pisado, aplausos que he recolectado. Sin embargo, no tengo demasiado de eso para contar ni fotos de estudio para compartir (tampoco me fascina que me hagan fotos, la verdad).
Mi historia ha sido una historia sencilla hacia fuera, pero compleja hacia dentro. No me he ocupado de brillar ni tener éxito como todo el mundo considera que hay que brillar y tener éxito. He querido hacer lo que mi cuerpo y mi mente sentían como bueno, respetuoso y correcto en cada momento. No siempre ha sido el camino con más retorno en capital económico o social. Ha sido el que ha sido y así lo he elegido.
Eso sí, me hubiera encantado escribir muchos libros. Buenos, no de los que piden las editoriales a los influencers y que no hay por donde cogerlos (también dije no a eso). Y es que pese a todo he sido muy influencer. Una influencer intelectual, en todo caso.
Quizás en algún momento logre escribir un libro bueno. Mientras, sigo intentándolo y guardando la producción en los cajones del ordenador. Una siempre tiene que tener ilusiones por cumplir. Las mías son eso, volver a vivir en el campo y perder por arte de magia todos los kilos extra de la maternidad y la perimenopausia.