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¿Quienes son tus tres almas gemelas?

Mar 03, 2026

Uno de mis personajes favoritos de la historia de la literatura es Matilda. Una niña de cinco años. La leí de muy pequeña y la releí cientos de veces (miles, probablemente). Igual que leí y releí Las Brujas. Ambos libros eran sin duda mis dos preferidos de Roald Dahl y mis dos líderes indiscutibles de la infancia. Me enseñaron cosas muy valiosas —aunque no sé si útiles—.


Con Las Brujas aprendí que no había que fiarse siempre de las señoras que tuvieran buen aspecto y fueran amables y elegantes. Si afinabas tu percepción podías acabar detectando a una horrible bruja y librarte de una muerte segura, porque ya se sabe que a las brujas les repugnan los niños. También aprendí que hasta siendo un minúsculo ratón puedes derrotar a todo un imperio del mal, solo necesitas que tu abuela esté de tu parte y te ame por encima de todas las cosas. Porque una abuela no es una bruja, porque ha tenido niños.


Con Matilda aprendí que, si eres inteligente y juegas bien tus cartas, puedes vengarte más que adecuadamente de cualquier maltrato o injusticia a la que te veas sometida, ya que la venganza puede estar plenamente justificada y ser gozosamente disfrutada. También aprendí que para ser inteligente había que seguir leyendo aunque hubiera quien te llamase empollona o ratón de biblioteca. Que cuando menos se lo esperasen iniciarías tu revolución y demostrarías que en realidad manejas superpoderes.

 

Aunque hay dos cosas en Matilda que me generan mucho malestar, desde pequeña. Primero, el hecho de que Miss Honey siga estando cerca de su asquerosa y maltratadora tía pese a ser ya una adulta y tener una profesión propia en vez de llevarla a juicio y tomar lo que es suyo. Y que tenga que venir una niña de cinco años a ayudarla. Aunque, ahora que lo escribo, pienso que podría ser una bonita metáfora de la ya resobada y malinterpretada idea (aunque no por ello menos relevante) de la niña interior. Segundo, el hecho de que Bruce efectivamente pueda comerse ese pastel sin terminar en la UCI.

No me genera conflicto que la Trunchbull lance por los aires a una niña agarrándola por las trenzas ni que los padres de Matilda sean absolutamente repugnantes o que no aparezcan los servicios sociales para cerrar ese colegio, no. Eso entra dentro de la ficción. Lo otro me revuelve el estómago cada vez, especialmente en las dos películas. La antigua, con Danny DeVito, a la que creo que le falta mucha chispa, y la nueva, que ha mejorado mucho pero le sobra un poco de cursilería. De hecho, lo que más me gusta es que es un musical.

Y justamente en esta película, además, hay una secuencia —una canción— que explica maravillosamente bien la esencia del conflicto caracterial de Matilda, que en el libro original no aparece. La canción se llama Quiet. Puedes escucharla y verla aquí, pero se entiende mejor si ves de dónde viene y a dónde va en vez de ponerla sin contexto.

No quiero traducirla, pero te la cuento al ritmo de la música, es decir, con la cadencia del cerebro de Matilda:



Empieza planteando un par de preguntas que ella se hace en su cabeza, que va muy rápido, más rápido que la del resto, pero ella no lo sabe, y te pregunta si tú te lo has preguntado alguna vez, porque quizás ella sea diferente al resto de sus amigos, pero que claro, todo esto está en su cabeza siempre y en ella hay muchas historias y también mucho ruido, demasiado, a veces insoportable, y ese ruido se transforma en rabia y la rabia en una luz explosiva y normalmente termina por calmarse pero hoy no, hoy está tan sobrepasada que los ojos le queman y tiene calor y taquicardia y de todo, de todo hasta que, de repente, cuando parece que va a estallar… llega la calma, con ese tipo de silencio que no es realmente silencio, que es como leer o detenerte en medio de un bosque, y ahí ya no escucha los gritos de la gente a su alrededor y nada le alcanza porque es como si hubiera llegado al centro mismo del ojo del huracán, y entonces, ahí, en ese espacio en el que parecía que estaba a punto de volverse loca (o morir, añado yo) en realidad se vuelve genial y puede hacer… magia.

Bueno, en su caso lo que puede hacer es mover objetos con su mente. Porque, como le dice uno de sus amigos en la peli, en su cerebro hay tantas neuronas que no le caben y se le salen por los ojos como rayos con superpoderes.

Pues no sé si hace falta que te diga que lloré como una loca con esta secuencia. Igual sí que hace falta que te lo diga: te lo digo, lloré mucho. Más que con el final de calle. Parecido a cómo lloro cada vez que Billy Elliot baila, y ya es mucho lloro.

 



✦ Esta y las demás fotos del correo son de la película de 2022

 

Claramente Matilda es una criatura neurodivergente y si en tu niñez te sentiste representada por ella, tienes muchas posibilidades de serlo tú también. Igual que si más adelante te viste en Katniss Everdeen —por cierto, estoy tomando unas notas sobre cómo Los juegos del hambre son la representación perfecta de nuestra sociedad actual y no una distopía como entendimos en 2008, tal vez lo comparta más adelante—. Esto de los personajes son teorías mías, no hay estudios que lo avalen, pero si las juntamos con Heidi (que un poco neurodivergente también debía ser para saltar como saltaba por los prados y las vueltas y gritos que pegaba cuando veía el cielo en llamas o el vuelo del gavilán o las dormilonas; ahí en el enlace te dejo la serie completa, yo no me canso de verla) ya tienes a los tres personajes de ficción que me han representado más en la vida.

¿Quieres buscar los tuyos? Es un ejercicio bonito.

 

Adiós, pues.

 

P.D.: Roald Dahl era un genio de la narrativa, especialmente la infantil (sus libros para adultos no me lo parecen tanto), pero se ha sabido después que era un personaje bastante desagradable en su vida real. Si vuelves a los dos párrafos donde te he contado lo que me enseñaron mis dos libros favoritos, y los lees con las gafas mejor colocadas, verás que era un misógino y un sádico narcisista. No quita que sus libros fueran lo más y que haya que leerlos aunque tengas más decenas de años de los que se supone que deberías tener para leerlos.


P.D.2: Estoy viendo por primera vez Las chicas Gilmore. Imagino que muchas debisteis de ser Rory, ¿no? Yo tal vez lo hubiera sido también, y ya tendríamos cuatro en la lista.

 

 

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