No son calamidades
Jul 30, 2024
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Hemos (por fin) ido de vacaciones unos días y puedo confirmar que en otra vida fui una señora inglesa que paseaba entre la niebla con botas para el barro, falda de tweed, gabardina y una manada de perros alrededor, y que volvía a su pequeña granja para tomar el té, leer sus libros, escribir sus diarios y cuidar sus plantas. En su puerta principal, inmaculada, un pequeño cartel recibía a los visitantes. Ella solo abría si no estaba a mitad de una frase. En el pueblo todos lo sabían y esperaban sin volver a dar con los nudillos en la madera a que la frase, el párrafo o la página terminasen. Nunca se sabía lo que puede tardar, pero no importaba, allí nadie tenía prisa, y si no abría ya se verían en el pub con unas pintas.

-----[ 2 ]-----
Alice Walker, en In search of our mother’s garden: womanist prose, se escribe una carta a sí misma.
Querida Alice,
Woolf tuvo su locura;
George Eliot su ostracismo,
al marido de otra,
y no se atrevió a firmar
con su verdadero nombre.
Jane Austen nunca tuvo intimidad
o vida amorosa.
Las hermanas Brönte nunca fueron
a ninguna parte y murieron
jóvenes y dependientes de su padre.
Zora Hurston (¡ah!) no tenía dinero
pero sí mala salud.
Tú tienes a Rebecca:
mucho más deliciosa
y menos desquiciante que
cualquiera de estas calamidades.
Rebecca es su hija. Lo escribe para recordar que tener una hija le pone las cosas más difíciles para escribir pero debe colocar esa dificultad en su sitio exacto. Que si se compara con sus escritoras más admiradas también debe comparar sus condiciones. Y que, en realidad, cualquier comparación es más bien absurda. Pero a veces alivia.
-----[ 3 ]-----
Querida Deborah:
Nadie fue al entierro de May Sarton;
el padre de Mary Oliver abusó de ella
y su madre no la defendió.
La de Marguerite Duras no la quería,
su marido regresó más muerto que vivo de Dachau
y ella estaba siempre borracha.
A Sylvia Plath le frieron el cerebro,
el marido se fue con otra(s)
y al final metió la cabeza en un horno
porque de verdad que no podía más.
Katherine Mansfield tuvo gonorrea
y a los 34 murió de tuberculosis,
exactamente igual que Simone Weil,
que era superlista pero al final no tanto.
Anaïs Nin perdió el oremus buscando la fama
y a un padre asqueroso en cada señor;
Carmen Laforet tuvo demasiados hijos
y su cerebro se rebeló contra su escritura;
Joan Didion vivía drogada
y perdió a quienes más quería demasiado pronto;
Clarice Lispector se durmió con un cigarro encendido
y estaba siempre deprimida
y no muy cuerda;
Emily Dickinson escribía a escondidas
en papeles minúsculos,
no salió de su pueblo (o su casa apenas)
y no publicó nada en vida,
y el portento Patricia Highsmith
era todavía más huraña, desagradable y neurótica que tú.
Tú tienes a Ray y a Arieh,
unos padres decentes y trabajadores
que siempre te han querido
y un trabajo que te gusta:
mucho más preciosos
y menos desquiciantes que
cualquiera de estas calamidades.
(Estoy preparando la entrada de nuevas Socias a la Sociedad Lectoescritora de cara al nuevo curso, así que si crees que podrías ser tú, queda atenta y ten el podcast escuchado).
-----[ 4 ]-----
Una primavera, de pequeña, esperaba a una compañera de clase que vivía cerca para ir juntas hasta el cole después de comer. Me sentaba bajo un árbol fino, en un poyete de cemento. Un día me di cuenta de que en las ramas del árbol crecían frutos redondos, verdes, y me puse de pie para agarrar uno. Lo examiné y decidí probarlo: era una ciruela todavía sin madurar. Ahora cada mañana paso con el perro bajo el mismo árbol y en el suelo, sobre la arena, me espera una alfombrita de pequeñas ciruelas rojas. Recojo con cuidado las que no están picoteadas o rotas, y más adelante, en el parque donde Tyler anda suelto, las lavo en la fuente fresca y me las como, cerrando los ojos bajo el sol de las primeras horas del día. Se deshacen en la boca como mis pensamientos en el papel.

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"Disegnia antonio disegnia antonio / disegnia e no[n] p[er]der te[m]po"
Dibuja Antonio dibuja Antonio dibuja y no pierdas el tiempo. Se lo escribió Miguel Ángel a su aprendiz, en una hoja con un estudio de la Virgen y el Niño. Fue encontrada después de su muerte y ahora vive en el Museo Británico para recordarnos que uno no llega a ser Miguel Ángel porque sí.

-----[ 6 ]-----
Escribe Deborah escribe Deborah escribe y no pierdas el tiempo.
-----[ <3 ]-----
---[ DEBORAH MARÍN TE AGRADECE LA LECTURA DE ESTOS APUNTES Y QUE COMPARTAS SU EXISTENCIA SIEMPRE QUE PUEDAS PARA QUE ELLA PUEDA SEGUIR ESCRIBIENDO Y TRATANDO, SIN NINGÚN ÉXITO, DE NO PERDER EL TIEMPO ]---
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