La autenticidad no existe (sorry not sorry)
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Si llevas unos años consumiendo y/o creando contenido en internet, es probable que hayas notado que hay quien crea con plantillas y siguiendo fórmulas y tendencias, y quien pase lo que pase fuera, y li peti a qui li peti —que es una frase hermosa del catalán— parece que está andando siempre su propio camino.
Ambas pueden estar intentando hacer que su negocio funcione con todo su esfuerzo y atención, y tratando de ser honestas y no engañar a nadie, pero unas confían más en su criterio y la dirección que les sale de dentro que las otras. O tal vez sean igual de inseguras, pero unas no están dispuestas a hacer lo que les dicta cualquiera y otras prefieren seguir métodos “probados” para ahorrarse camino.
Hasta aquí imagino que estaremos de acuerdo, no hay fisuras. Pero, ¿y si te digo que es muy fácil pensar que eres de las que va a su bola pero, sin darte cuenta, verte arrastrada por la lógica de la mayoría, que son las otras?
Como escribí hace poco, todo el mundo piensa que es buena persona y que tiene buen gusto, y añado hoy: todo el mundo piensa que tiene mucha personalidad y es muy auténtico (en internet y fuera de internet).
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Pero la autenticidad en internet es una paradoja absoluta. Internet, por definición, es un teatrillo. Cada vez que publicas algo, incluso cuando lo intentes hacer lo más espontáneo posible, hay una puesta en escena (que puede ser la de transmitir naturalidad, pero eso no deja de ser una puesta en escena). No existe es el “yo sin filtros”. Todas construimos, más o menos a conciencia, un yo que confirma cómo queremos vernos, o un yo mejorado, o uno pensado para agradar, o un yo “desinhibido” —porque eso es lo que tiene no estar delante de la gente realmente, sino a salvo en tu casa—.
En fin, que tu identidad online es una versión duramente negociada entre lo que eres, lo que quieres proyectar, lo que crees que será bienvenido por tu audiencia (o lo que te va a hacer vender más, en consecuencia) y lo que la plataforma en cuestión te permite expresar.
Así que autenticidad, poca. Pero, sin embargo, desde el punto de vista de las consumidoras voraces que somos, seguimos valorando más a quienes percibimos como auténticos, que por su lado lo único que están haciendo es conseguir que su construcción nos resulte más congruente, menos forzada, más alineada con las múltiples señales que recibimos de ellos. Queriendo, o sin querer, escrutinizamos a cualquiera y somos rápidas para descartarlo si hace o dice algo distinto a lo que nos gustaría recibir. Entonces nos sentimos como decepcionadas y ale, nos desuscribimos o le damos al unfollow.
¿Por qué?
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Porque en realidad no queremos que la gente sea como es, queremos que sean como esperamos que sean. Y cuando cumple todos nuestros checks, lo consideramos “auténtico”. Igual que nos consideramos auténticas a nosotras mismas.
¿Escuece un poco? Pienso que debería.
Durante muchos años, previo a mi “desaparición”, siempre decían que yo (mi marca) era muy auténtica. Claro, comparada con los clones que vendían las mismas cosas de la misma manera, destacaba, porque yo tomaba decisiones visibles en contra de lo que “se supone que hay que hacer”.
Pero esa autenticidad percibida no estaba en mí. De hecho, yo también tenía mi propio simulacro going on. Yo también era —soy, claro— un personaje, una construcción. Antes me lo creía, ese personaje (no solo en internet, también en la vida). Estaba tan pegado a lo que quería ser y a lo que me venía bien ser y a lo que me había acostumbrado a ser y a lo que había acostumbrado a todo el mundo que era, que me parecía absolutamente real. Yo era esa. Hasta que empecé a ir a terapia y pude verme mejor.
Ahora reconozco la parte en la que es necesario ser un personaje y la parte en la que este trabajo no me funciona si lo exagero. Ojo, no me funciona a mí. Hacia afuera siempre funcionó. La gente no se entera de tu falta de autenticidad necesariamente. Tú, en cambio, una vez la ves ya no puedes no verla.
La diferencia no está entre “quién cuenta milongas” o “quién es auténtico al 100%”. La cosa está más bien entre quién es consciente de que está construyendo un personaje, qué correspondencia hay entre su yo interno y su yo exhibido, quién consigue que nadie se dé cuenta del descalabro entre ambos y quién no.
Así de crudo.
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Estas esculturas-joya son de la serie Ascent, de Debra Baxter. Aquí su IG, y aquí una pieza donde explican más de esta serie, que no solo tiene corazones.
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Entonces, si la autenticidad es una ilusión, si todos somos personajes en mayor o menor medida, ¿cómo se llega a comunicar con honestidad? ¿Se puede, acaso?
Mi teoría es que lo ideal es que tu personaje sea a la vez una ampliación y una disminución de ti misma.
Es una ampliación porque hay partes tuyas que solo existen cuando las escribes o las presentas, crecen al ponerlas en público. Y es una disminución porque lo que la gente ve es una fracción minúscula de todo lo que eres. Sostener las dos cosas a la vez —sin intentar resolver la contradicción— es, creo yo, la forma más honesta de aproximarte al espinoso asunto.
Y eso se vive, desde mi punto de vista, tomando decisiones diarias (y aquí vuelvo al primer párrafo, que ya sé que me he ido lejos pero el círculo se empieza a cerrar) en la línea de:
- Elegir qué contar y cómo desde lo que tiene sentido para ti, no desde lo que crees que “funciona” en abstracto —o lo que dice tu prima que le trajo cienmil seguidores—. Si un formato, una idea, una moda, te resulta rara o incómoda o no te representa, elige qué de eso puedes aprovechar (si hay algo) y adáptala o descártala completamente, sin piedad.
- Asumir que hay una puesta en escena y usarla como el proceso natural que es. Puedes seleccionar lo que entra en esa puesta en escena y lo que queda fuera sin aumentar el descalabro entre el yo interno y el yo exhibido, con mucha conciencia.
- Permitirte cambiar de opinión y de estilo y hacer y deshacer en público. No caer en la trampa de que la gente necesita ver a alguien siempre coherente, sino mantenerte fiel a tu humanidad y abierta a compartir tu propio proceso de pensamiento. Yo creo, y lo creo de verdad, que hacer esto es en gran parte el motivo de que siga habiendo gente en esta newsletter.
- No vender lo que no eres capaz de sostener, no crear propuestas que no encajan con tu energía, tu disponibilidad, tu talento, tu capacidad. Si tu oferta requiere que te conviertas en una tú insostenible, o sostenible a cambio de un coste muy alto, es una mala oferta para ti, aunque sea la más popular del mundo.
La autenticidad, entonces, no es una esencia que tienes o no tienes. La autenticidad es una negociación, y la única posibilidad de sostener un negocio en internet que no se te coma (que es harto frecuente pero espantoso, como un hijo devorando a una madre) es construir un personaje que se parezca tanto a ti como sea posible para poder sostenerlo en el tiempo con dignidad y felicidad.
No garantiza éxito inmediato. No te libra de tener que aprender a vender, estructurar ofertas, comunicar... Pero sí hace que, cuando vayas practicando todas esas cosas, las apliques desde un lugar que es tuyo, no desde la plantilla de la plantilla de la plantilla.
Así que no es que tengamos más confianza, es que la distancia entre lo que somos y lo que mostramos (y lo que hacemos, en consecuencia) es más corta. Y eso, según una servidora, es el verdadero trabajo.
Adiós, pues.
Un abrazo,

P.D.: En la clase de ensayo (el 26/9, ojo que ya no queda nada) te voy a enseñar a escribir textos como este, que se hacen una pregunta cualquiera e intentan responderla. Si te apetece probar, te espero.
P.D.2: También tengo espacio para acompañarte a desencallar o impulsar tu negocio o tu proyecto creativo el mes que viene. Tres semanas juntas, solo mi cerebro y el tuyo. ¿Quieres?
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